COLOMBIA, Noviembre 4 de 2026. Colombia sigue avanzando hacia una economía con menor dependencia del efectivo, impulsada principalmente por la expansión de los pagos digitales. En octubre de 2026, el sistema de pagos inmediatos Bre-B del Banco de la República registró más de 116 millones de llaves activas entre más de 32 millones de usuarios, y el 85 % de las operaciones financieras se realizaron por canales no presenciales en el primer semestre del año, según datos de la Superintendencia Financiera.

Esta transición busca agilizar los pagos, descentralizar las transacciones y simplificar la gestión financiera, beneficiando especialmente a pequeñas y medianas empresas que pueden acceder a información valiosa sobre patrones de consumo para mejorar sus ofertas comerciales. Sin embargo, expertos advierten que el avance hacia una economía sin efectivo no debe confundirse con una modernización total del sistema económico, ya que existen desafíos significativos que podrían afectar la inclusión financiera y la operatividad de los negocios y consumidores.

Juan Carlos Higueras, vicedecano de EAE Business School, señala que la ausencia de infraestructura digital adecuada, la falta de conectividad y los conocimientos digitales insuficientes constituyen barreras para amplios sectores de la población. En este sentido, la digitalización de los pagos debe ir acompañada de políticas y medidas que aseguren un acceso equitativo a estas nuevas tecnologías, para que no se genere una exclusión de los grupos socioeconómicos más vulnerables.

Otro reto importante es el costo que implica adoptar medios de pago digitales. Las comisiones, la compra de dispositivos y el costo de los servicios de intermediación pueden presionar los márgenes de negocios pequeños y tenderos, lo que podría dificultar una transición rápida y sin impactos negativos sobre el comercio minorista y el consumidor final.

Además, se suman los riesgos asociados a la dependencia de la infraestructura tecnológica. Las interrupciones del servicio de internet, fallas eléctricas, caídas de plataformas bancarias y ataques cibernéticos pueden afectar temporalmente la capacidad para realizar transacciones. Esto evidencia la necesidad de contar con mecanismos alternativos y protocolos de contingencia que aseguren la continuidad de los pagos en caso de estos eventos.

Adicionalmente, aunque los pagos digitales ofrecen mayor trazabilidad y facilitan la detección de fraudes y operaciones ilícitas, también exponen a usuarios y empresas a vulnerabilidades en términos de seguridad y privacidad, lo que requiere fortalecer las medidas de protección de datos y prevención de ciberdelitos.

Higueras enfatiza que el objetivo no debería ser eliminar totalmente el efectivo, sino lograr que las personas y empresas puedan elegir medios de pago eficientes y asequibles, independientemente de su nivel socioeconómico o acceso tecnológico. Así, la transición hacia una economía con menor uso de efectivo debe ser inclusiva, equitativa y segura, garantizando que nadie quede excluido por las limitaciones actuales del entorno digital.

Redacción ColombiNews

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