COLOMBIA, November 4 de 2026. Colombia ha superado la crisis laboral generada por la pandemia con un aumento notable en el número de empleos. Para 2025, el país contabilizó 23,8 millones de personas ocupadas, cifra que supera en 2,5 millones a la registrada en 2019, antes del impacto del COVID-19. La tasa de desempleo también mejoró, situándose en 8,9 %, frente al 10,9 % previo a la pandemia. Además, la población en edad de trabajar creció en 3,7 millones entre 2019 y 2025, y la proporción de personas ocupadas dentro de este grupo subió del 57,7 % al 58,6 %. Este crecimiento se acompaña de un incremento en las vacantes laborales, que superan en 39 % las cifras de 2019, según datos del Observatorio Laboral y Ocupacional del SENA. Sin embargo, a pesar de estas señales de recuperación, el mercado laboral colombiano muestra profundos contrastes y desafíos en términos de calidad del empleo y formalidad. La reducción de la informalidad ha sido modesta: esta tasa bajó de 59 % en 2021 a 55 % en 2025, pero no a causa de una sustitución directa por empleo formal, sino porque ambos tipos crecieron, siendo el formal más acelerado. Sin embargo, en 2025 había aproximadamente 1,2 millones de trabajadores informales adicionales a los contabilizados en 2021. La informalidad afecta especialmente a quienes trabajan en microempresas y por cuenta propia, con tasas cercanas al 84 %, en contraste con el 2 % de informalidad en grandes empresas y el 28 % entre asalariados privados con afiliación incompleta a la seguridad social. El tamaño de la empresa y la forma de empleo son factores clave relacionados con la estabilidad laboral y la afiliación a seguridad social. No todos los empleos informales provienen exclusivamente de características individuales de los trabajadores; las estructuras organizativas y modelos productivos también juegan un papel fundamental. Las vacantes laborales indican que tres de cada cuatro puestos disponibles corresponden a ocupaciones operativas, de apoyo o de menor cualificación, con cerca de 552.000 vacantes en estas categorías, frente a unas 95.000 para profesionales en 2025. Aunque la educación está relacionada con mejores condiciones laborales —con una informalidad del 81 % entre quienes solo tienen educación primaria y del 23 % entre universitarios—, la oferta educativa por sí sola no garantiza empleo adecuado, ya que la estructura productiva no siempre genera suficientes oportunidades para trabajadores con mayor formación. En cuanto a la distribución territorial, el mercado laboral presenta marcadas diferencias. La informalidad en Bogotá se aproxima al 37 %, mientras que en ciudades como Sincelejo, Valledupar y Riohacha supera el 60 %. La mayoría de las vacantes profesionales se concentran en Bogotá y Cundinamarca, con sectores como educación, salud y servicios sociales liderando la demanda. Estas diferencias geográficas reflejan la existencia de múltiples mercados laborales que requieren intervenciones específicas para cada territorio. Además, la resiliencia del mercado laboral depende no solo de la creación de puestos por empresas individuales sino de la existencia de una red empresarial diversificada que permita absorber a los trabajadores desplazados y brindarles oportunidades de reinserción. La densidad y diversidad de redes empresariales fortalecen la capacidad de los territorios para mantener en el empleo a su población. Más allá de incluir a una persona en el empleo, el objetivo debe ser construir trayectorias laborales sostenibles. No todos los trabajadores experimentan el mismo desarrollo profesional: algunos avanzan y mejoran sus condiciones, mientras otros alternan en empleos temporales o informales sin consolidar fuentes de ingresos estables. Para comprender mejor estas dinámicas es necesario analizar trayectorias laborales, rotación y duración de vínculos, aspectos para los cuales aún faltan datos completos. El reto para Colombia no es solo aumentar la cantidad de ocupados sino también formar empresas, fortalecer redes productivas e instituciones territoriales que materialicen la transición hacia empleos sostenibles y de calidad. Ello implica enfrentar problemas que afectan el ingreso al mercado laboral, la absorción de trabajadores calificados, la continuidad en el empleo, la movilidad entre distintos tipos de trabajo y el desarrollo de estructuras productivas adecuadas a las necesidades regionales. En suma, una economía con mayor capacidad de emplear a la población y aprovechar sus habilidades no solo favorece la inclusión laboral, sino que también contribuye a consolidar un mercado sólido, resiliente y sostenible frente a los cambios económicos y sociales. 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